Típica escena de bar: Se encuentras dos amigos (o amigas) y se ponen a hablar con sus respectivas comidas y bebidas en mano. Al cabo de 3 min. suena un móvil y, estoy casi seguro, un@ de l@s dos sacará de su bolsillo una BlackBerry. Ya sea táctil, pequeña, grande, con perla o sin perla, el device acabará por sumergir a nuestr@ amig@ en un universo paralelo al nuestro dónde reina el AppWorld y miles de webs con infinidades de cosas para hacer. Voilà, tu única opción ante esta situación es coger el MARCA o el Sport y rogar para que haya algo interesante, porque de tu amig@ te puedes ir olvidando.
La situación cambia si amb@s tienen Blacks, ya que podrían pasarse horas presionando botoncillos de esos aparatos sin dirigirse la palabra. Incluso podrían llegar a hablarse por el Blackberry Messenger (por el cual se puede enviar banderas) y eso ya sería un ejemplo de caso agudo de Blackberryritis.
Las Blackberry son útiles, no lo niego, hacen más cosas además de llamar y recibir SMS y cuando tienes una ya no quieres otra cosa. Pero es comprensible que despierten el deseo de matar a sus dueños en todo aquel que no disponga de una, ¿sería eso como pegarle a una pared?
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